jueves, 23 de noviembre de 2017

La “Cocobola” (I)

En 2017, ciento treinta años después de la emisión de la moneda colombiana de cincuenta centavos de plata que conocemos como “Cocobola”, bien vale la pena refrescar la memoria sobre los acontecimientos que dieron lugar a su remoquete.

La famosa Cocobola de 1887; diámetro real: 30 mm
Pasada la guerra civil de 1885, a pesar de las buenas intenciones de las casas de moneda de Bogotá y Medellín las acuñaciones no marchaban con suficiente rapidez y los gastos de la guerra hacían apremiante la necesidad de numerario metálico. Se pensó entonces en recurrir al exterior, como ya se hacía con la moneda de níquel, y se entró en comunicación con los agentes comerciales del gobierno en Nueva York, por entonces Camacho Roldán & Van Sickel, para contratar la acuñación de una cantidad apreciable de piezas de cincuenta centavos en plata de ley 0,500.

Todo hubiera marchado sin tropiezos de no haber sido por la acucia de los comisionistas que, previa consulta con el presidente Núñez, junto con las descripciones oficiales de ambas caras de la moneda, le remitieron al grabador una foto pequeña del perfil de doña Soledad Román, la esposa de Núñez, para que le diera un “toque personalizado” a la efigie de la Libertad, sin imaginar la tormenta política que con ello se desataría.

Es evidente que el presidente no le dio importancia al asunto y quizá pensó que, fuera de su mujer, nadie lo notaría. No contaba sin embargo con la pericia del grabador ni con la astucia de sus opositores que vieron en ello la gran oportunidad. Años después en su biografía refería doña “Sola” lo ocurrido:

Llegaron las monedas y fueron puestas en circulación. ¡Ay, amigo! Aquello fue un escándalo apenas conocieron mi retrato. Los periódicos vomitaban improperios. El pueblo susurraba que Núñez se iba a coronar emperador. Y, por último, las denominaron “Cocobolas”, nombre que conservaron hasta su total desaparición.

Los enemigos de Núñez hicieron su agosto en esa oportunidad, pero ¿de dónde salió lo de “Cocobolas”? Pues resulta que el curioso remoquete está ligado a un sonado y trágico episodio ocurrido en Panamá dos años antes durante la guerra de 1885, cuando en medio de la revuelta los enemigos del gobierno incendiaron a Colón, que quedó reducida a escombros y cenizas. Por esos días era Colón una de las ciudades más populosas de Colombia, con multitud de almacenes y bodegas atestados de mercancías importadas, casi todos de propiedad de extranjeros. Del incendio sólo se salvaron siete edificaciones y quedaron sin hogar más de quince mil personas. Las pérdidas materiales ascendieron a treinta millones de pesos colombianos. Una cifra astronómica para la época.

Algunos de los incendiarios fueron cogidos en flagrante delito y fusilados en el sitio sin fórmula de juicio. Otros dos, un mulato haitiano y un jamaicano de nombre George Davis, más conocido como “Cocobolo”, habían sido capturados con la tea en la mano por los marinos del barco de guerra norteamericano Galena, surto en la bahía, que prestaron su ayuda en un comienzo para restablecer el orden en la aterrorizada ciudad. Estos fueron entregados a las fuerzas del gobierno central al mando de Rafael Reyes, para ser juzgados en consejo verbal de guerra. Éste se reunió el 6 de mayo de 1885 y condenó a los acusados a ser “ahorcados del pescuezo”, como lo pedía un memorial firmado por los vecinos de Colón. La sentencia se llevó a cabo el mismo día en el lugar donde se inició el incendio.

Posiblemente nunca sabremos de dónde le vino a Davis el apodo de “Cocobolo”, que es un árbol de madera roja, muy densa y atractiva (Dalbergia Retusa), común por entonces en Centro América. El hecho es que el pueblo se lo endilgó sin miramientos a las monedas de Núñez y así las conocemos los coleccionistas desde entonces.

(Continuará)

lunes, 11 de julio de 2011

Las fichas de los Álvarez Lalinde

Con este novedoso artículo debuta en FiloNumis Enrique Lozano, apasionado por las fichas y excelente escritor. Bienvenido Enrique y esperamos muchas más colaboraciones de este calibre. El Editor



Las fichas de los hermanos Álvarez Lalinde son, hasta ahora, el primer caso conocido de señas emitidas por colombianos en el exterior (posible nueva categoría para el catálogo de Henao). Estos paisas, criados en la “Quebrada Arriba” en Medellín (la zona de la Quebrada Santa Helena entre la carrera Junín y el Puente de Hierro), migraron a El Salvador entre 1872 y 1889, aparentemente huyendo de su padre Juan Francisco, bohemio incorregible y actor aficionado. Emilio, el mayor, médico, fue no sólo el fundador de la Escuela de Cirugía de esta república centroamericana sino también uno de los introductores del cultivo de café en el país. Su hermano menor, Rafael, alcanzó a ser uno de los productores de grano de mayor renombre tanto a nivel nacional como mundial. De 1892 a 1906 los Álvarez Lalinde fundaron y operaron la Compañía Agrícola del Salvador (Russell Rulau, en su catálogo, presenta tres fichas de esta empresa, desafortunadamente sin imágenes).
Los dos hermanos menores, Roberto y Rafael, tras la muerte de los otros disolvieron la sociedad y se repartieron las propiedades (el primero quedó con los inmuebles de San Salvador y el segundo con los de Santa Ana). Un séptimo hermano, Esteban, regresó a Medellín para encargarse de los negocios de la familia (fincas en Ciudad Bolívar y participación en la Sociedad del Zancudo) y en 1907 creó la Fundición Álvarez, que aún existe. Rafael emitió una serie de fichas que no están incluidas en el catálogo de Rulau.
Es difícil saber con certeza el nivel de rareza de las fichas, pero al parecer la menos común es la de 5 centavos. Yo conseguí el juego completo en eBay, en mayo, por la asombrosa suma de 21 dólares. He visto, sin embargo, que venden el juego (sin la de 5 centavos) en 55 dólares y en otros lados ofertan por unidad las de 50 y 25 centavos en precios que van desde los 25 hasta los 50 dólares. Las denominaciones de las fichas son: 1 peso, 50, 25, 10 y 5 centavos. El anverso y el reverso son iguales y ambos, además de los valores, portan la leyenda: RAFAEL ÁLVAREZ L., É HIJOS / SANTA ANA.
Mi encuentro con estas fichas fue completamente casual pues descubrí una –la de 50 centavos– en un anticuario en Chapinero, Bogotá, y la compré intrigado por su procedencia. Así que al parecer algunas de ellas llegaron hasta nuestro país, seguramente traídas por miembros de la familia Álvarez.

Para los que deseen profundizar, aquí encuentra abundante información sobre la familia Álvarez Lalinde.

Enrique Lozano

miércoles, 29 de junio de 2011

Lepra y coleccionismo en Colombia

Ayer 28 de junio, en la sala de reuniones del edificio Almagrán en Medellín, Colombia, tuvo lugar el lanzamiento del libro LEPRA Y COLECCIONISMO EN COLOMBIA de la autoría del médico Andrés Yepes Pérez, con nutrida asistencia de coleccionistas y familiares del autor. Producto de una minuciosa investigación de más de ocho años, el libro dedica sus primeros capítulos a la historia del flagelo en el mundo y en Colombia, con una documentada descripción de los leprocomios que existieron en Colombia, ilustrada con fotografías de los mismos rara vez vistas. El resto del libro se dedica a una minuciosa descripción de las emisiones monetarias de Colombia para circulación exclusiva en los lazaretos, profusamente ilustradas con excelentes fotografías de todas las variedades hasta ahora conocidas, así como fichas, medallas y estampillas sobre el tema. Concluye la obra con una extensa bibliografía y breves datos biográficos de algunos personajes relacionados.

El Dr. Yepes es un joven y distinguido oncólogo medellinense, que a pesar del tiempo que demanda su profesión y del que dedica a su familia, aún así encuentra ratos para sus dos aficiones principales: la numismática y el fútbol. En la primera de ellas ha sido siempre reconocido en la comunidad de coleccionistas de Colombia por su interés en las monedas de los lazaretos. Amén de muchos artículos publicados y conferencias sobre el tema, mantiene el blog Lepra y Numismática y fue curador de la exposición temporal La Moneda de los Lazaretos, inaugurada en octubre de 2007 por el Banco de la República, en el edificio de la antigua Casa de Moneda de Bogotá.

Datos de la edición: 40 ejemplares (30 para la venta), pasta dura, 25,5 x 21 cm, 153 páginas, profusamente ilustrado a color y en blanco y negro. eMail del autor: andresyp@une.net.co