Mostrando entradas con la etiqueta monedas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta monedas. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de abril de 2021

Últimas monedas colombianas de Sinnock

Como decía en una entrada anterior, las monedas colombianas de 1¢, 2¢ y 5¢ con diseños del grabador norteamericano John R. Sinnock comenzaron a circular en 1918 en cuproníquel, una aleación de 75% cobre y 25% níquel. Las tres denominaciones se acuñaron por varios años hasta que la escasez de níquel, a causa de la segunda guerra mundial, hizo que a partir de 1942 fuera necesario cambiarlas por otras en cobre con un diseño diferente.

Concluida la guerra, a partir de 1946 se reanudaron las acuñaciones en cuproníquel con los diseños de Sinnock que continuaron por algunos años. Las últimas monedas de 5¢ llevan la fecha 1950, las de 2¢ habían concluido en 1947 y las de 1¢ en 1948. No obstante, en 1952 se reanudaron las acuñaciones de monedas de 1¢, aunque ya en cospeles probablemente importados de acero enchapado con níquel, un material mas económico que el cuproníquel. Éstas concluyeron definitivamente en 1958.

Aunque Colombia no volvió a acuñar monedas con los diseños de Sinnock, tanto el cuproníquel como el acero enchapado con níquel puro y en especial este último, son materiales muy resistentes al desgaste y tienden a conservar su apariencia, por lo que luego de terminadas sus acuñaciones estas monedas perduraron por varias décadas en el medio circulante, entremezcladas con las de cobre que las remplazaron.

lunes, 18 de enero de 2021

John Ray Sinnock

John Ray Sinnock (1888 – 1947) estudió en la Escuela de arte industrial del Museo de Filadelfia y luego de diez años como profesor de arte en su alma mater y en otra universidad, en 1917 fue nombrado grabador y medallista asistente en la Casa de moneda de Filadelfia y en 1925 llegó a ser el octavo jefe de grabadores de la ceca, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1947. Aunque en esos años hizo monedas y medallas muy importantes y hermosas, su obra más conocida es el dime que conmemora al presidente Franklin D. Roosevelt (1946).


En 1917 Sinnock tuvo a su cargo la ejecución de las matrices de reproducción para la troquelería de las monedas colombianas de 1, 2 y 5 centavos de cuproníquel, emitidas a partir de 1918, con una interrupción entre 1942 y 1946 cuando la escasez de níquel en la segunda guerra mundial hizo que debieran ser remplazadas por monedas de cobre con otro diseño. Aunque en las acuñaciones con el diseño de Sinnock participaron las cecas de Bogotá y Medellín, muchas fueron también hechas en los Estados Unidos en las cecas de Denver, Filadelfia y San Francisco. Parte de las matrices que envió Sinnock en 1917 se conservan en la colección numismática del Banco de la República en Bogotá.

jueves, 30 de noviembre de 2017

La “Cocobola” (1/3)

En 2017, ciento treinta años después de la sonada emisión de la moneda colombiana de cincuenta centavos de plata que conocemos como “Cocobola”, bien vale la pena refrescar la memoria sobre los acontecimientos que dieron lugar a su origen y mas tarde a su remoquete.

La famosa Cocobola de 1887; diámetro real: 30 mm
Pasada la guerra civil de 1885, a pesar de las buenas intenciones de las casas de moneda de Bogotá y Medellín las acuñaciones no marchaban con suficiente rapidez y los gastos de la guerra hacían apremiante la necesidad de numerario metálico. Se pensó entonces en recurrir al exterior, como ya se hacía con la moneda de níquel, y se entró en comunicación con los agentes comerciales del gobierno en Nueva York, por entonces Camacho Roldán & Van Sickel, para contratar la acuñación de una cantidad apreciable de piezas de cincuenta centavos en plata de ley 0,500.

Todo hubiera marchado sin tropiezos de no haber sido por la acucia de los comisionistas que, previa consulta con el presidente Núñez, junto con las descripciones oficiales de ambas caras de la moneda, le remitieron al grabador una foto pequeña del perfil de doña Soledad Román, la esposa de Núñez, para que le diera un “toque personalizado” a la efigie de la Libertad, sin imaginar la tormenta política que con ello se desataría.

Es evidente que el presidente no le dio importancia al asunto y quizá pensó que, fuera de su mujer, nadie lo notaría. No contaba sin embargo con la pericia del grabador ni con la astucia de sus opositores que vieron en ello la gran oportunidad. Años después en su biografía refería doña “Sola” lo ocurrido:

Llegaron las monedas y fueron puestas en circulación. ¡Ay, amigo! Aquello fue un escándalo apenas conocieron mi retrato. Los periódicos vomitaban improperios. El pueblo susurraba que Núñez se iba a coronar emperador. Y, por último, las denominaron “Cocobolas”, nombre que conservaron hasta su total desaparición.

Los enemigos de Núñez hicieron su agosto en esa oportunidad, pero ¿de dónde salió lo de “Cocobolas”? Pues resulta que el curioso remoquete está ligado a un sonado y trágico episodio ocurrido en Panamá dos años antes durante la guerra de 1885, cuando en medio de la revuelta los enemigos del gobierno incendiaron a Colón, que quedó reducida a escombros y cenizas. Por esos días era Colón una de las ciudades más populosas de Colombia, con multitud de almacenes y bodegas atestados de mercancías importadas, casi todos de propiedad de extranjeros. Del incendio sólo se salvaron siete edificaciones y quedaron sin hogar más de quince mil personas. Las pérdidas materiales ascendieron a treinta millones de pesos colombianos. Una cifra astronómica para la época.

Algunos de los incendiarios fueron cogidos en flagrante delito y fusilados en el sitio sin fórmula de juicio. Otros dos, un mulato haitiano y un jamaicano de nombre George Davis, más conocido como “Cocobolo”, habían sido capturados con la tea en la mano por los marinos del barco de guerra norteamericano Galena, surto en la bahía, que prestaron su ayuda en un comienzo para restablecer el orden en la aterrorizada ciudad. Estos fueron entregados a las fuerzas del gobierno central al mando de Rafael Reyes, para ser juzgados en consejo verbal de guerra. Éste se reunió el 6 de mayo de 1885 y condenó a los acusados a ser “ahorcados del pescuezo”, como lo pedía un memorial firmado por los vecinos de Colón. La sentencia se llevó a cabo el mismo día en el lugar donde se inició el incendio.

Posiblemente nunca sabremos de dónde le vino a Davis el apodo de “Cocobolo”, que es un árbol de madera roja, muy densa y atractiva (Dalbergia Retusa), común por entonces en Centro América. El hecho es que el pueblo se lo endilgó sin miramientos a las monedas de Núñez y así las conocemos los coleccionistas desde entonces.

(Continuará)

miércoles, 29 de noviembre de 2017

La “Cocobola” (2/3)


En mi calidad de asesor numismático del Banco de la República, en abril de 1998 viajé a Ibagué en compañía de Jorge Emilio Restrepo y Angelina Araújo, directora de la ya desaparecida Sección Numismática del banco, para examinar el contenido de algunas cajas de utileria ya en desuso para la fabricación de moneda, conservadas desde años atrás en la Casa de Moneda de Bogotá y que luego pasaron a la nueva ceca de Ibagué cuando se hizo el traslado de los procesos de acuñación en los años 80. El objeto de la visita era dictaminar sobre el interés de ese material para la colección numismática del banco y su posible utilización en el nuevo museo numismático en que se venía trabajando.  

Se trataba de 22 cajas pequeñas de madera, selladas y cuidadosamente marcadas e inventariadas. Recuerdo la emoción que nos embargó, cuando al abrir la primera de ellas, escogida al azar, lo primero que vimos fue parte de la hermosa troquelería de la ceca de Medellín, fabricada en la Casa de Moneda de París por Albert Barre en 1873, que vino a parar a Bogotá con la venta de la ceca antioqueña en 1953. Con febril entusiasmo seguimos abriendo caja tras caja, encontrando cada vez verdaderos tesoros numismáticos. Las troquelerías fabricadas en Londres por Leonard Wyon en 1873 para las cecas de Medellín y Bogotá, incluidas matrices de reproducción para denominaciones de oro y plata que no llegaron a utilizarse y de las que solo en ocasiones se ve alguna prueba. Ya del siglo XX estaba la troquelería grabada en Denver en 1917 por John Ray Sinnock para las monedas de níquel de 1, 2 y 5 centavos que empezaron a circular en 1918 y entre lo más antiguo estaban los troqueles de base cuadrada usados en los primeros años de la Independencia y, aún mas sorprendente, varias cajas con pilas para punzones de la época de la Colonia, con las firmas de grabadores de renombre de las cecas de Madrid y Sevilla. En total eran mas de 1800 herramientas entre matrices de reproducción, punzones y troqueles, que sin lugar a dudas debían entrar a hacer parte de la colección numismática del banco. Por fortuna, en Ibagué estaban estorbando y en la colección numismática ansiábamos comenzar su estudio, así que el trámite fue simple y sin mucho papeleo. En un par de semanas estaban las cajas en Bogotá y yo quedé a cargo de su identificación y catalogación.

Retomando el tema que nos ocupa, en una de las primeras cajas que abrimos estaban las matrices originales de la Cocobola, de cuya fabricación solo sabíamos que había sido comisionada por el gobierno en Nueva York. Pero, ¿quién grabó las matrices y dónde fueron acuñadas las monedas? Eso aún estaba por verse...


Matrices originales para la Cocobola.
Fotografía de Jorge Emilio Restrepo
Por una parte, el somero examen que pude hacer con tantos cientos de herramientas esperando a ser identificadas, medidas y codificadas, no permitió detectar ninguna marca del grabador y simplemente quedaron como un caso más para estudio posterior que hasta ahora no se hace. No obstante, sí alcancé a notar un par de detalles significativos. El primero de ellos fue que el año que aparece en la matriz del anverso es 1886 cuando las monedas solo aparecieron en 1887. En segundo lugar, el escudo nacional en la matriz del reverso es notoriamente diferente del de las monedas de esa denominación en esos años, lo cual fue sin duda la razón para descartar esa matriz reemplazándola por una más convencional, lo que explicaría la demora en la acuñación de las monedas.

Así las cosas, pasaron los años y ya en Medellín, en estos días durante una de mis frecuentes búsquedas en Internet, hallé por casualidad las imágenes de dos pruebas de acuñación en lámina de plomo o cinc, que claramente correspondían a las matrices originales de la Cocobola en la colección del Banco de la República.


Siguiendo el enlace respectivo, descubrí que estas pruebas, junto con otro par similar y una de solo el reverso, hicieron parte del extenso archivo de Rudolph P. Laubenheimer, uno de los más notables  grabadores y medallistas de los Estados Unidos, que ejerció su oficio en Nueva York entre 1858 y 1905, y cuyos archivos, cuidadosamente conservados por la familia durante más de cien años, fueron subastados en Nueva York en junio de 2015 por Archives International Auctions.

Este tipo de prueba hace parte del proceso de verificación que rutinariamente hace el grabador con una matriz en las últimas etapas de fabricación. Esto se logra poniéndola sobre una pequeña cantidad de cinc fundido vertido sobre un papel, con lo que se obtiene una impronta muy detallada aunque también muy frágil por el escaso espesor de la lámina de cinc, conocida en inglés con el curioso nombre de “trial splash”.  

Aunque lo usual con estas improntas es que finalmente se descarten, por alguna razón Laubenheimer decidió conservar estas en su archivo. Lo triste del caso fue que, camufladas entre cientos de otros lotes, pasaron desapercibidas y se vendieron en el remate por muy poco dinero.

No obstante, el afortunado descubrimiento sirvió para aclarar uno de los interrogantes antes planteados, el de la identidad del hábil grabador que logró plasmar en el troquel la semblanza de doña Soledad Román de Núñez con sus rasgos de matrona, con tal fidelidad que cuando llegaron las monedas a manos del público fue reconocida de inmediato.

(Continuará)

martes, 28 de noviembre de 2017

La “Cocobola” (3/3)

Rudolph Phillipp Laubenheimer, maestro grabador y medallista, fue uno de los principales exponentes en su campo en los Estados Unidos de 1858 hasta su muerte en 1905. Dado que sus registros de pedidos y trabajos terminados se dañaron irremediablemente con el agua al apagar un incendio en un local vecino al suyo, son las numerosas muestras de sus trabajos en su archivo personal, celosamente conservado por la familia durante más de cien años, las que atestiguan la variedad de sus trabajos en esas cinco décadas y su insuperable calidad. Hay muestras de trabajos hechos para clientes en los Estados Unidos, Canadá, Centro y Sur América. Diseñó e hizo los troqueles para muchas estampillas y papelería para correspondencia. Produjo medallas para la exposición de París de 1867 y muchos de los tokens de la guerra civil norteamericana. Diseñó y grabó las matrices para troqueles de monedas para Colombia, así como cientos de otros objetos relacionados, tanto para personas naturales como para entidades oficiales y militares.

Laubenheimer nació en Alemania en la pequeña y antigua ciudad amurallada de Meisenheim am Glan en Hesse-Homburg, el 11 de julio de 1833, uno de los menores de siete hijos. Por las leyes de la herencia en esa época, solo el primogénito heredaba los bienes de sus padres y al cumplir Rudolph catorce años, en vista de su talento para el dibujo y la pintura, su familia lo envió a Holanda como aprendiz de grabador. Cuatro años más tarde, ya terminado su aprendizaje, Rudolph emigró a Nueva York donde ya vivían dos de sus hermanos mayores. Dos años después consiguió su primer trabajo con la firma de grabado John Hoole Sr., donde permaneció por varios años hasta 1858 cuando decidió independizarse. Igualmente, sus hermanos montaron un negocio de importación-exportación de frutas con base en Georgia y Costa Rica, Nicaragua, Colombia. Su oficina de grabador de troqueles y medallista estuvo en varias direcciones de Nueva York, pero en los últimos 25 años de su vida funcionó en el número 245 de Broadway, frente al City Hall Park. Fue allí donde en 1886 lo contactó Camacho Roldán & Van Sickel para el diseño y grabado de las matrices de la Cocobola.

En cuanto a dónde fueron acuñadas las monedas, hojeando “Coin Clinic 2” de Alan Herbert, una autoridad en estos temas, entre las cinco principales firmas privadas de acuñación en los Estados Unidos en los 1800s y comienzos de 1900s estaban The Scoville Manufacturing Company de Waterbury, Connecticut, responsable de la acuñación para Colombia de las monedas de níquel de 5 centavos de 1886 y 1888, así como de numerosas fichas para el comercio colombiano del siglo XIX, y Camacho Roldan & Van Sickel de New York, integrada por Miguel Camacho Roldán y J. N. van Sickel. Siendo estos últimos los que recibieron el pedido del gobierno colombiano, con bastante probabilidad fueron también ellos los que asumieron la acuñación, contratando previamente el grabado de las matrices con Laubenheimer.

sábado, 30 de mayo de 2009

La columnaria de 1770 NR

Entre las varias rarezas rematadas ayer viernes en Long Beach, California, por Heritage, una de las grandes casas de subastas de los Estados Unidos, se destacó una espléndida pieza de plata de ocho reales, acuñada en la casa de moneda de Santa Fe de Bogotá, con fecha 1770, una fecha hasta hace poco desconocida en estas piezas santafereñas.

Monedas de este atractivo diseño, con dos columnas en el anverso entre las que se ven dos mundos coronados, por esta razón conocidas como "columnarias" o de "dos mundos", fueron acuñadas por las cecas de Hispanoamérica, a veces en enormes cantidades, como fue el caso de México y Potosí. En el Nuevo Reino de Granada solo las acuñó Santa Fe, aunque en cantidades muchísimo menores, en concordancia con la escasa producción de plata de las minas del virreinato. De hecho, aunque los archivos de la ceca muestran que hubo cortas acuñaciones de estas piezas en varios años, correspondientes al final del reinado de Fernando VI y comienzos del de Carlos III, hasta hace poco solo se conocían algunas piezas de 1759 y 1762. Esto cambió en forma sorpresiva en abril de 2006, cuando se descubrió una pequeña acumulación (12 a 14 piezas) de fecha 1770 en las fundaciones de un edificio colonial.

El ejemplar rematado el viernes se encuentra en perfecto estado de conservación, sin huellas de circulación, la pieza central para cualquier colección de monedas hispanoamericanas. Su nuevo y orgulloso propietario debió pagar por ella la módica suma de US$85.500 en la que parece haber sido una reñida pugna. Una pieza igual a ésta se puede admirar en la exhibición permanente de la colección numismática del Banco de la República, en el antiguo edificio de la Casa de Moneda en Bogotá, donde también se exhibe uno de los tres ejemplares conocidos de la de 1762.

viernes, 22 de mayo de 2009

Qué compraba un cuartillo en la década de 1880

Una duda surgida recientemente en una tertulia numismática, me llevó a investigar un poco sobre el tema. Se trataba del poder adquisitivo de una moneda de níquel de 2½ centavos (cuartillo), de las que circularon en Colombia a partir de 1881 y si era una pieza atractiva para ser falsificada. Este es el resultado de mis pesquisas:

Hacia 1880 el jornal diario en Bogotá era de 30¢ y ocho años más tarde en el mercado de la capital costaba una libra de azúcar 13¢, una de arroz 11¢ y una de carne 9¢. La libra de maíz costaba 6¢, la de papa 3¢ y una de sal 5¢. Incluso por una carga de leña, artículo de primera necesidad en esa época, el bogotano debía desembolsar 21¢. Lamentablemente, en mi breve exploración no hallé precios para artículos cotidianos como el pan, la leche y los huevos, ni precios en las zonas rurales que quizá habrían sido más ilustrativos.

Limitándome a la información disponible, aún si se piensa en cantidades menores de algunos de estos artículos, es claro que no era mucho lo que se podía comprar en Bogotá con solo un cuartillo por esos días. No obstante, no era un valor despreciable, y siendo una moneda tan pequeña no demandaría mucha atención del que la recibía, haciéndola atractiva para un falsificador. De hecho existe evidencia documental de que así ocurrió.

jueves, 8 de enero de 2009

Interesante descubrimiento


Luego de un corto receso por las fiestas navideñas, iniciamos el año 2009 con un interesante descubrimiento en la numismática colombiana. Se trata de una macuquina de oro de dos escudos, posiblemente acuñada por España en la oficina de Cartagena de Indias, con fecha 1626, que será subastada el próximo 9 de enero por Ponterio & Associates en su remate #148, durante la N.Y.I.N.C. (New York International Numismatic Convention). El interés de la pieza radica en que fuera de las piezas de 2 escudos con fecha 1622, también atribuídas a la oficina de Cartagena, hasta ahora no se conocía otra pieza anterior a 1628 que hubiera sido acuñada en las cecas del Nuevo Reino de Granada. Aunque la identificación del último dígito de la fecha exige un poco de fe, el diseño general de la pieza difiere bastante del de las conocidas de 1628. El subastador estima un precio de venta entre US$5.000 y 7.000. Más detalles aquí.

jueves, 30 de octubre de 2008

Interesantes y curiosos (2)

Una página que bien vale la pena visitar es la del diseñador italiano Fabrizio Annovi, con sus ideas sobre muchos temas, entre ellos monedas, billetes y estampillas para muchos países, incluso Colombia, del que tiene una moneda imaginaria de $10.000. También interesantes son las de países sin moneda legal propia como Andorra. Según se lee en su página de presentación, algunos de sus diseños han sido adoptados por países sudamericanos.

jueves, 23 de octubre de 2008

Interesantes y curiosos (1)

Hollow Spy Coins. En los años de la "Guerra fría" espías de ambos bandos usaron monedas huecas para el transporte de mensajes secretos, microfilms y píldoras suicidas. Esta página ofrece réplicas de estas monedas, maquinadas con precisión utilizando monedas reales. La mayoría son de los Estados Unidos, aunque también aparece alguna rusa. Según el fabricante son "exactas y absolutamente imposibles de distinguir a simple vista de una moneda sólida. Pueden ser manipuladas sin peligro de separación y podrían circular fácilmente sin ser detectadas."

miércoles, 28 de noviembre de 2007

El papel moneda de níquel


Al finalizar la Guerra de los mil días en 1902 la economía colombiana era un caos. A consecuencia de la avalancha de emisiones del Banco Nacional, incrementada con las de los gobiernos seccionales y las del ejército liberal, estaba el país inundado de billetes cuyo valor era poco más que el del papel de que estaban hechos. El Congreso emprendió el cambio del depreciado papel moneda por moneda de buena ley, a razón de un centavo oro por cada peso en billetes devaluados, de paso eliminando de un plumazo la mayor parte de la deuda interna.

Como parte de la nueva amonedación, a instancias de la Junta Nacional de Amortización decretó el presidente Reyes en octubre de 1906 la acuñación de monedas de níquel de uno, dos y cinco centavos oro que, curiosamente, no debían llevar su valor, sino su equivalencia en billetes, es decir uno, dos y cinco pesos papel moneda, puesto que servirían para remplazar los ya deteriorados billetes de estas denominaciones, de la llamada emisión inglesa hecha por la junta en 1904.

jueves, 15 de noviembre de 2007

La moneda macuquina

Aunque no es claro el origen de la palabra, la moneda llamada macuquina, de factura burda y forma irregular, fue producida durante más de dos siglos por varias de las cecas españolas de América, tanto en plata como en oro. Muchas llevan por una cara la cruz de Jerusalén, por lo que también dieron en llamarla moneda de cruz. Su forma, en muchos casos definida por varios cortes rectos, hizo que también se la conociera como moneda recortada. Igualmente se la llamó moneda de martillo por su método de fabricación. En la foto una moneda macuquina de 8 reales de 1768 de la ceca de Potosí.

martes, 6 de noviembre de 2007

Novedades del Tesoro de El Mesuno


Un hallazgo hecho en 1936 en el río Magdalena reaparece en los titulares de prensa.

Se trata de una gran acumulación de monedas macuquinas de oro, amén de otros objetos del mismo metal, hallados por jóvenes pescadores en el paraje de El Mesuno.

A través de la agencia de compra de oro establecida por la Casa de Moneda de Medellín en la región, el Banco de la República logró adquirir unas 1.600 de estas monedas en los meses que siguieron, pagando por ellas un poco más del valor del oro. Se trata de doblones de a dos y sencillos, con fechas entre 1628 y 1642, acuñados por la Casa de Moneda de Bogotá (foto). Muchas las vendió el Banco en el transcurso de los años siguientes, solo a extranjeros pues en esa época era ilegal venderle oro a los colombianos. Aún quedan en el Banco poco más de 500, que se conservan en la colección numismática. La mayoría están exhibidas en el Museo Numismático en el antiguo edificio de la casa de moneda en Bogotá.

La única información que hasta ahora teníamos de los pormenores del hallazgo provenían de breves notas periodísticas de El Tiempo y El Espectador de Bogotá, publicadas en 1936. No obstante, 71 años más tarde viene al rescate el periódico de Ibagué El Nuevo Día, con un artículo que titularon Así se despilfarró el tesoro de El Mesuno, publicado el domingo 4 de noviembre pasado. La investigación periodística logró ubicar a un testigo presencial que tendría 19 años en esa época y que al parecer conserva lúcida su memoria del momento del hallazgo y de los hechos posteriores. Su narración le da al asunto un giro interesante aunque patético, aportando también datos desconocidos hasta ahora como que en el momento del encuentro el tesoro estaba en una caja de hierro.

Artículo de El Nuevo Día (pdf 635 kb) >>

sábado, 27 de octubre de 2007

La moneda de los Lazaretos


Con buena asistencia del público capitalino, el miércoles 24 a las 5:00 p.m. inauguró el Banco de la República una nueva exposición temporal del área de numismática en el antiguo edificio de la Casa de Moneda en el barrio La Candelaria de Bogotá, en esta ocasión dedicada a las monedas acuñadas en Colombia entre 1901 y 1928 para uso exclusivo en los lazaretos nacionales de Agua de Dios, Contratación y Caño del Loro.

El curador de la exposición fue el médico Dr. Andrés Yepes, oncólogo, experto en el tema de la lepra en la numismática como afición de muchos años. Además de una concisa aunque ilustrativa sinopsis de la historia de esta enfermedad y de los motivos que llevaron a 15 países a adoptar estas medidas monetarias tratando de evitar la dispersión del contagio entre la población, se exponen documentos relacionados con el tema y las monedas de estas series que existen en la colección del Banco, incluyendo la rarísima de 2½ centavos de 1901, una pieza minúscula en excelente estado de conservación, así como un grupo de matrices y punzones utilizados en la fabricación de estas monedas, tomados de la colección de troquelería del Banco. En la fotografía aparece el Dr. Yepes, acompañado de María Margarita Currea, funcionaria del Banco que tuvo a su cargo la coordinación de muchas de las actividades relacionadas con la exposición. Más información en la página de la Biblioteca Luis Ángel Arango.

jueves, 18 de octubre de 2007

Las libras de El Minero


Acuñadas por la Casa de Moneda de Medellín con troquelería grabada en París por René Baudichon, las monedas de 5 y 2½ pesos de oro con el emblema de la minería, según proyecto del pintor y escultor antioqueño Francisco Antonio Cano, eran conocidas como la libra y la media libra colombianas por tener la misma ley (22 quilates) y un peso idéntico al de las monedas inglesas de uno y medio soberano de la época con las que circulaban a la par. Aunque las primeras llevan la fecha 1913, fueron acuñadas en septiembre de 1914 por la casa de moneda, que también emitió las de cinco pesos en 1917, 1918 y 1919.

domingo, 7 de octubre de 2007

Billetes, arte y valor

En su edición del domingo 7 de octubre, Generación, el suplemento dominical del diario El Colombiano de Medellín, publicó una nota periodística de Laura V. Botero sobre los billetes y monedas en circulación en Colombia, basada en una corta entrevista con Nestor Plazas, el subgerente industrial del Banco de la República, de quien dependen la fábrica de monedas de Ibagué y la imprenta de billetes del banco. De hecho, no es mucha la información nueva que aporta la nota, salvo por algunos costos de producción rara vez publicados por el Emisor.

Según Plazas, con la nueva moneda de 50 pesos en acero enchapado se rebajó el costo de producción de esta denominación de $100 a $60 por unidad (la actual moneda de 20 pesos tiene un costo de $50 la unidad). Uno se pregunta si vale la pena producir estas monedas, en especial la de $20 con la que no se compra ya nada, pero la ley obliga a los almacenes a devolver la cantidad exacta y el gobierno debe facilitarles los medios para hacerlo.

También son interesantes los datos de costos en la producción de billetes. Según el subgerente, el costo unitario de uno de los nuevos billetes pequeños de $1.000 y $2.000 es de unos 60 pesos, cuando uno de $50.000 sale costando 120 pesos.

lunes, 1 de octubre de 2007

VII simposio de historia de Cartagena (2)

Alberto Samudio es un arquitecto que lleva 23 años restaurando y edificando en la ciudad de Cartagena. Entre sus obras de restauración más importantes se cuentan el Teatro Heredia, la Plaza de los Coches, la Plaza San Pedro Claver, el Palacio de la Inquisición, el Museo del Oro de Cartagena y la Batería del Ángel San Rafael de Bocachica. Su ponencia en el simposio versó sobre este último trabajo y fue un modelo de concisión y presentación, con excelente documentación sobre el papel que desempeñó esta fortificación durante la colonia y la independencia.

La Batería del Ángel San Rafael hizo parte del sistema de fortificaciones construido por la Corona española para defender la ciudad de los ataques de los piratas y queda en la isla de Tierra Bomba, cerca al pueblo de Bocachica. El interés numismático de la ponencia se debe a que en el curso de las excavaciones, el grupo de arqueólogos cubanos que participó encontró cierta cantidad de monedas, algunas de ellas modernas de níquel, debido a que por muchos años el sitio fue poco más que un basurero, pero dos o tres eran coloniales de plata y otras varias eran de cobre de la época de la Independencia.

Sin duda las más significativas son estas últimas, dado que algunas de ellas son monedas realistas, acuñadas sobre monedas cartageneras de emergencia de cobre. Las mismas que Rafael Fosalba, en su obra ya clásica sobre monedas obsidionales de América, atribuyó en forma caprichosa a Salazar de Las Palmas en Norte de Santander, pero que con mucho mejor lógica deben haber sido hechas en Cartagena, teoría que este hallazgo parece reforzar.

Actualmente las monedas, junto con otros objetos de interés arqueológico, son custodiados por la Sociedad de Mejoras Públicas de Cartagena, a la espera de un sitio para exhibirlas.

Continuará.....

viernes, 28 de septiembre de 2007

Monedas tipo "Proof"

Las etapas en la producción de monedas no han cambiado en los últimos 1.500 años. Obtenidos los cuños, se preparan los discos (cospeles) y se acuñan con los medios disponibles. De hecho son estos últimos los que han evolucionado con el correr de los siglos. Este video (en inglés) muestra la producción de monedas de plata tipo proof en la Royal Canadian Mint.



Las monedas para la circulación reciben un solo golpe en la prensa. Las tipo proof son diferentes en cuanto a que se hacen por doble acuñación en cospeles previamente pulidos.

VII simposio de historia de Cartagena (1)

Del 12 al 14 de septiembre tuve la satisfacción de asistir al VII simposio de historia de Cartagena. Estos eventos, celebrados con regularidad durante los últimos 10 años, fueron organizados por el Banco de la República y el Observatorio del Caribe colombiano y en ellos participó lo más granado de los historiadores nacionales y extranjeros que investigan estos temas. Éste, que según nos informaron sería la última versión, tuvo lugar en el hermoso Teatro Heredia, bellamente restaurado hace algunos años por el Banco de la República.

El tema central del simposio fue "La ciudad en la época de la Independencia 1808-1821" y entre todas las ponencias, muchas de ellas muy interesantes, se destacaron dos de especial interés para la numismática colombiana: La economía en Cartagena, 1808-1821 por Adolfo Meisel, con interesante documentación sobre la moneda cartagenera de emergencia y La restauración de la Batería del Ángel San Rafael, por Alberto Samudio, trabajo durante el cual se hallaron algunas de estas piezas.

Continuará....

domingo, 23 de septiembre de 2007

Un cuartillo polémico

La aparición de un cuartillo de la ceca de Santafé de Bogotá en la restauración de la Batería del Ángel San Rafael, en la isla de Tierra Bomba en Cartagena de Indias, cuya fecha, según los arqueólogos del proyecto, era 1780, despertó mi curiosidad, dado que la fecha más antigua que registran los catálogos de Jorge Emilio Restrepo para estos cuartillos es 1796. Recientemente tuve oportunidad de examinar la pieza en cuestión y, aunque los dos últimos dígitos de la fecha solo se ven en forma parcial, ésta realmente podría ser 178? La foto que ven la tomé en condiciones precarias, pero espero tener pronto una mejor para publicar.

Esto trajo a mi memoria una pieza similar, con fecha 1785, que lleva más de cuarenta años en mi colección, adquirida por un precio ínfimo junto con otras piezas similares de otras fechas, a un platero que las apartó del material que tenía para fundir, que fue relegada al olvido por su apariencia bastante sospechosa y su improbable fecha.

¿Falsa? Es probable, aunque tengo mis dudas...

Su peso es de 0,7 gr, que aunque algo inferior al 0,85 gr del promedio, aún está dentro de lo posible. El diámetro es de 11,5 mm, que corresponde al estándar. Falta por determinar su composición, pero un análisis con fluorescencia de rayos X pronto me sacará de dudas.

Aunque la apariencia general del cuartillo no es my convincente, habría que pensar que quizá fue uno de los primeros que hizo la ceca con este diseño, luego de los anepígrafos que acuñó por muchos años.

Además, suponiendo que fuera una falsificación de la época, los falsificadores siempre hacen lo posible porque sus productos pasen desapercibidos en la circulación y habría sido absurdo ponerle una fecha tan notoria. Por otra parte, su proveniencia desprevenida prácticamente descarta la posibilidad de una falsificación moderna, hecha con fines de engañar a algún coleccionista.

¿Entonces?

Continuará...